Historia de Greenpeace

Historia de Greenpeace

Greenpeace empezó alquilando un barco desvencijado, y ahora tiene una compleja flota de buques oceánicos y embarcaciones fluviales. Empezó oponiéndose a una prueba nuclear, y ahora ha ampliado sus campañas a cuestiones como los residuos tóxicos, la lluvia ácida, las carnicerías de canguros. las armas nucleares marinas, la pesca de ballenas, la contaminación de los mares y muchas otras cosas, que aumentan conforme se multiplican las amenazas al medio. ambiente natural. Firmemente asentada en el mundo occidental, empieza a abrir bases en América del Sur y a difundirse en el bloque soviético. Incluso cuenta con una pequeña estación en la Antártida.

Los últimos quince años han visto transformarse, no sólo a Greenpeace, sino también al mundo en el que opera. El debate ecológico, que entonces era marginal, ocupa en nuestro tiempo un espacio central, tiene prioridad en los programas políticos nacionales e internacionales y suscita el interés de la opinión pública.

La historia de Greenpeace no es lineal y ordenada. Zigzaguea, gira, se contorsiona y avanza a la vez en varias direcciones, desafiando a todos los intentos de enterrarla o definirla. Esta es una historia escrita sobre la marcha. Mientras reuníamos materiales para este libro, seguían produciéndose novedades. Lo que aquí se cuenta no es el final de la historia. Nuestro conocimiento de las fuerzas históricas se hará más profundo con el paso del tiempo, y habrá que añadir sin cesar nuevos capítulos conforme los nuevos acontecimientos vayan amontonándose sobre los antiguos.

Nuestra pretensión al escribir este libro ha sido simplemente presentar una descripción comprensible de la cara más pública de Greenpeace, de aquélla por la que es más conocida: la acción directa. Es esta perspectiva la que continuamente ha diferenciado a este grupo de otros interesados por el medio ambiente, y gracias a ella ha ocupado las primeras planas de la prensa y los noticiarios de televisión en todo el mundo.

La acción directa sigue siendo central en las operaciones de Greenpeace. Es preciso dejar esto claramente sentado, porque ahora es moneda corriente afirmar en los medios de comunicación que Greenpeace está volviendo la espalda a estas tácticas y cambiando su radicalismo inicial por posturas más burocráticas y acomodaticias. Esto es falso y puede demostrarse: el número de acciones directas sigue una espiral ascendente. Lo que sí es cierto es que, en los últimos años, tales acciones se han visto respaldadas por una presión política muy estudiada y por investigaciones científicas que refuerzan las espectaculares llamadas de atención de la organización. La continua insistencia de Greenpeace en la táctica no violenta, incluso cuando ha de enfrentarse a la violencia, refleja tanto su origen cultural como sus vínculos con los otros grandes movimientos a favor del cambio social propios del siglo veinte.

La bomba colocada en el Rainbow Warrior transformó a la organización, la convirtió en noticia de primera página y recordó a todo el mundo que había fuerzas empeñadas en su destrucción. Trabajando siempre ante el peligro, Greenpeace se mantiene en la estrecha línea verde. Trata de transformar, radicalmente, tanto nuestro conocimiento del mundo como la dirección en la que se mueve. Su mensaje es sencillo y poderoso: todo el mundo tiene derecho a agua limpia, aire fresco y un futuro sin riesgos.

Greenpeace nos anima a ver el mundo como un todo indivisible, a regocijarnos con la vida que cubre la Tierra, a darnos cuenta de que los límites nacionales son falsas divisiones para el paisaje natural, a permanecer alertas y a decir ¡ya está bien! Interponiéndose entre el mundo natural y las fuerzas que tratan de destruirlo, Greenpeace lucha por todos nosotros.

Como cualquier otra organización humana, Greenpeace tiene sus fallos y sus puntos débiles. Pero la suma de sus acciones, ejecutadas en bien de la mayoría, con frecuencia menospreciando su propia seguridad, es apabullante. Greenpeace ya ha contribuido decisivamente a limitar las pruebas nucleares, a salvar la vida natural y a alertar al mundo del daño que se está infligiendo al tejido del planeta.

Greenpeace es una fuerza del bien y también una fuerza de la esperanza, de la esperanza en que lograremos dar con una solución para los problemas del medio ambiente que ahora nos inquietan. Entran en acción para recordarnos que el cambio es posible. Y esencial.