El Warrior se hace a la mar

El Warrior se hace a la mar

DURANTE LA PRIMERA PARTE DE 1977, Denise Bell se dedicó a buscar un barco en el que Greenpeace pudiese alcanzar la zona de captura de ballenas del Atlántico Norte. Por medio de un anuncio publicado en una revista naval, encontró un arrastrero oxidado de 418 toneladas que languidecía en la isla de los Perros, en Londres. El Sir William Hardy, un barco de 44 metros botado en 1955, fue la primera embarcación impulsada por una máquina diesel-eléctrica construida en el Reino Unido, y lo había utilizado el ministerio de agricultura, pesca y alimentación como buque de investigación. Pese al aspecto que ofrecía, un ingeniero confirmó que podría convertirse en un buen barco para la campaña. Pero Greenpeace aún tenía que encontrar 44.000 libras para pagarlo; necesitaron ocho meses para reunir el 10 por ciento, que entregaron como señal; el resto debían abonar en 60 días.

Justo cuando empezaban a perder la esperanza, llegó David Mc.Taggart con la noticia de que la rama holandesa de la World Wild. life Fund había decidido conceder una ayuda de 40.000 libras para financiar una campaña contra la captura de ballenas en Islandia.

Con el dinero en la mano, la compra se realizó rápidamente y en febrero de 1978, llevaron el barco a los muelles londinenses de las Antillas. Ahora empezaba la carrera contra reloj, porque tenían sólo tres meses para dejarlo en condiciones de entrar en acción. De todas partes llegaron equipos de voluntarios que empezaron a rascar el casco oxidado, repararon los motores y sanearon la compleja instalación eléctrica, totalmente inundada. Eliminaron alrededor de 25 toneladas de chigres y aparejos de pesca, renovaron el equipo de radio y navegación y convirtieron el laboratorio en una nueva cabina, con lo que aumentaron el número de literas hasta 23. La bodega de carga acabó convertida en sala de conferencias y reuniones.

En tan breve espacio de tiempo, el Hardy se transformó. Pintado de verde oscuro, con la palabra «Greenpeace» pintada en vivos colores en el costado y la imagen de una paloma con una rama de olivo a proa, fue rebautizado como Rainbow Warrior, nombre inspirado en la misma colección de leyendas indias que tanto había influido en la primera tripulación de Greenpeace.

El 29 de abril, enarbolando las banderas de Greenpeace y las Naciones Unidas para reflejar el carácter internacional de los 24 tripulantes, el Warrior abandonó el puerto y puso rumbo a las costas orientales de Gran Bretaña. Como prólogo a la campaña islandesa, el barco se dirigió a Torness, en la costa del condado escocés de East Lothian, para apoyar una manifestación de más de 3.000 personas contra la construcción de un reactor nuclear avanzado refrigerado por gas.

Empieza la Batalla

Tras reponer combustible en las islas Shetland, el equipo se dirigió a su primera confrontación con los balleneros islandeses. En la lucha por salvar a las ballenas, Islandia era un objetivo especial. McTaggart vio la situación como una partida de ajedrez: «El rey es Japón. La reina Rusia e Islandia constituye una combinación de dos alfiles y dos torres que apoyan a Japón y Rusia en todo lo que hacen. Acabar con Islandia es poner un pie en la misma Comisión Internacional Ballenera».

Con esta campaña, Greenpeace esperaba obligar a la IWC a imponer medidas conservacionistas más rigurosas y a instituir la moratoria de la captura de ballenas.

Islandia constituía un objetivo importante por otra razón de peso: seguía matando ballenas azules, a pesar de que la especie estaba prácticamente extinguida. Con cuatro barcos arponeros de casco de acero equipados con arpones explosivos de 70 kg. se calculaba que los balleneros islandeses, junto con una flota noruega, matarían 2.500 cetáceos antes del final de la estación.

«Sabíamos que no iban a ser unas vacaciones», comenta Remi Parmentier. «En Islandia, el tiempo y la visibilidad son muy malos. incluso en verano». También había riesgo de violencia; un par de años antes, los islandeses mantuvieron con Gran Bretaña la llamada «guerra del bacalao», durante la cual rellenaron de cemento las proas de sus arrastreros y embistieron con ellos a los barcos británicos.

Mientras el Rainbow Warrior avanzaba hacia el norte, dos representantes de Greenpeace de París y Londres volaron a Islandia y convocaron una conferencia de prensa en Reykjavik. La favorable respuesta que obtuvieron les animó a celebrar una reunión pública a la que acudió Mr. Loftsson, propietario de la única estación ballenera de Islandia y delegado islandés en la IWC.

El Warrior ya había alcanzado la boca del Hvalur Fjord (fiordo de la ballena). justo al norte de Reykjavik, en la costa occidental de Islandia, desde donde debían partir en su misión de captura los cuatro balleneros. Dejemos que sea Peter Wilkinson quien continúe la historia:

«Pese a la exhaustiva preparación, la niebla, el mal tiempo y la falta de potencia de la máquina obstaculizaron la labor de Greenpeace durante diez frustrantes días. El Rainbow Warrior no podía igualar la velocidad de los cazadores, y los voluntarios de Greenpeace, descorazonados, tenían que resignarse a ver cómo los barcos volvían a la estación de tierra con su captura máxima de tres ballenas aferrada a las amuras para hacerse de nuevo a la mar y dejar al Rainbow Warrior en la estacada.

«Pero en Greenpeace estaban aprendiendo. Pronto supieron descifrar las señales de radio que intercambiaban los barcos y la costa y pudieron averiguar la zona hacia la que se dirigían los balleneros. El décimo día, el Rainbow Warrior evoluciona en una zona probable de capturas y, a la luz incierta de la continua aurora que reina en el círculo polar ártico durante el verano, avistaron los primeros cetáceos mientras navegaban rumbo norte a la zona de caza. Al cabo de unas horas descubrieron el barco ballenero. Parece que hoy iba a materializarse lo que seis meses atrás era una simple ilusión».