El Rainbow Warrior se pegó a la popa del Quittungen, que llevaba a las Orcadas a seis expertos cazadores noruegos. Les seguían tres barcos cargados de periodistas, además de algunos aviones y helicópteros, también con enviados de prensa, que sobrevolaban la zona. No hubo más que un enfrentamiento en el mar, que empezó cerca de Scapa Flow, puerto tradicional de la Royal Navy en tiempo de guerra. En cuanto los noruegos aparecían por algún sitio, las lanchas hinchables de Greenpeace se lanzaban a cortarles el camino. Otros voluntarios apoyaron la acción desde tierra empujando a las focas al agua antes de que pudieran cazarlas.
Pero se evitaron enfrentamientos mayores. El gabinete del primer ministro británico dio marcha atrás después de recibir 16.800 cartas de protesta. Anunció que, debido a la «inquietud pública generalizada», renunciaría a los tiradores noruegos. Esta fue una campaña decisiva para asentar Greenpeace en Europa.
En junio de 1979, el Rainbow Warrior volvió a Islandia para enfrentarse una vez más con los balleneros. En esta ocasión iba equipado con una nueva lancha hinchable RI-28 de 8,5 metros muy maniobrable bautizada con el nombre de Delphius; la embarcación, financiada por los partidarios de Holanda, alcanzaba una velocidad de 35 nudos. Cada vez que una ballena azul generaba energía para lanzar su surtidor, la RI-28, incansable, se interponía entre el ballenero y el cetáceo. «Cada vez más frustrado», informó la revista Time, «el capitán Thordur Eythorsson permanecía junto al ominoso cañón montado en la proa, incapaz de iniciar la cacería».
En el curso de los 20 días que duró la expedición, el Warrior fue detenido en dos ocasiones por los guardacostas islandeses. Se hizo un requerimiento judicial y se citó al patrón Pete Misson y al director europeo David Mctaggart.
El Warrior volvió en agosto, y justo diez días después de llegar fue detenido de nuevo, tras un enfrentamiento de 24 horas en aguas internacionales con dos balleneros. Las autoridades islandesas confiscaron lanchas hinchables por un valor de 20.000 libras, y no las devolvieron hasta que no intervino el Foreign Office británico.
El Warrior sufrió una nueva detención al año siguiente, esta vez. a cargo de las autoridades francesas, que lo encerraron en el puerto de Cherburgo. El objetivo del barco era el Pacific Swan que, junto con su gemelo el Pacific Fisher, operaba al servicio de la British
Nuclear Fuels Ltd. transportando combustible irradiado desde Japón hasta las plantas de reprocesamiento de Sellafield (antes Windscale). En Cumbria, Inglaterra, y de Cap de la Hague en Normandía, Francia. En un informe encargado por Greenpeace al Grupo de Investigación en Ecología Política se llegaba a la conclusión de que estos fletes por barco constituían un peligro considerable. En las peores circunstancias, si se desencadenaba un incendio a bordo con la consiguiente liberación de radiación, correría peligro la vida de decenas de miles de personas.
Pese a la orden dada al Rainbow Warrior por las autoridades francesas de que se mantuviese fuera de sus aguas territoriales, cuando interceptó un mensaje de radio procedente del Pacific Swan, el Warrior se lanzó a perseguir al barco hacia el puerto de Cherburgo, mientras era a su vez perseguido de cerca por un crucero francés. Guardaban la estrecha boca del puerto dos remolcadores y un dragaminas, pero el patrón del Warrior, Jon Castle, logró maniobrar entre ellos y cruzar la barrera. Uno de los remolcadores viró en redondo y embistió al Warrior por la aleta de estribor mientras éste se acercaba al muelle. Unos cincuenta policías, armados con rifles, bayonetas y garfios de abordaje, tomaron el barco.
Al día siguiente, 15 de febrero, el Warrior fue expulsado de Francia, con prohibición expresa de no volver. Se dirigió hacia Barrow-in-Furness, el abrigo más próximo a Sellafield, y fondeó al ancla a la entrada del canal del puerto, dispuesto para cuando llegase el Pacific Fisher. También la British Transport Docks Board había presentado con anterioridad un requerimiento ante el Tribunal Supremo para evitar que Greenpeace interfiriera con el Pacific Fisher o con su cargamento. Cuando el 25 de marzo llegó el barco, cuatro lanchas hinchables con ocho miembros de Greenpeace a bordo lo siguieron; lograron obstruir el atraque, aunque una de ellas estalló al quedar atrapada entre la popa y el timón del buque.
Por esta acción se impuso a Greenpeace una multa de 500 libras, y a tres de sus directivos del Reino Unido —David McTaggart, Peter Wilkinson y Allan Thornton— otras tantas de 100 libras cada una por desobedecer el requerimiento del Alto Tribunal. El juez, Mr. Justice Pain, dijo que era improcedente encarcelarlos: «acepto que son personas honorables; no creo que la prisión sea lugar apropiado para gente como ellos».


