DURANTE EL ÚLTIMO AÑO de la década, las cada vez más diversas campañas de Greenpeace atrajeron a un número creciente de partidarios. Pero el éxito estuvo a punto de resultar fatal. «No hubo crecimiento sistemático», comenta John Frizell, que se incorporó a la campaña de la ballena en 1976 y se convirtió más tarde en director ejecutivo de Greenpeace. «El barco llegaba a un sitio, San Francisco, por ejemplo, y allí se fundaba una oficina. A continuación alguien iba a Boston o a cualquier otro lado y abría una nueva oficina. Entre tanto, Greenpeace Europa crecía a la vez que la rama norteamericana, pero sin que entre ambas hubiese demasiado contacto”.
Cuando Rober Hunter dimitió como presidente en abril de 1977, Patrick Moore trató de crear una junta directiva internacional presidida por él mismo y capaz de controlar las actividades de Greenpeace (en particular la recaudación de fondos). Moore, veterano de la campaña ballenera de Vancouver y hasta del primer viaje a Amchitka, había adquirido cada vez más importancia en Greenpeace. Fue Moore quien aparecía sujetando una cría de foca en la fotografía de la misión de 1978 en Terranova que habían reproducido todos los medios de comunicación. Fue Moore quien resultó detenido -y luego absuelto por interferir con la caza. Y fue él quien dirigió una brillante campaña contra el uso masivo de insecticidas forestales en la Columbia Británica (la primera campaña de Greenpeace contra productos tóxicos).
Como parte de su plan de reorganización. Moore elaboró también una carta constitucional por la que se otorgaba la autoridad última a la oficina de Vancouver, pero los demás grupos americanos se negaron a firmar. «Los veteranos de Vancouver están convencidos de que todas las oficinas, salvo la de la Cuarta Avenida, son regionales», escribió Robert Hunter. «Pero San Francisco y las pequeñas oficinas que han surgido espontáneamente por todos los Estados Unidos no ven las cosas igual. Pronto va a parecer esto una repetición de la revolución norteamericana, con los canadienses en el papel de señores coloniales todopoderosos y distantes».
La oficina fundacional de Vancouver necesitaba dinero desesperadamente, puesto que soportaba una deuda de al menos 140.000 dólares (250.000, según algunos). Otros grupos, en particular el de San Francisco, se revelaron muy hábiles para recaudar fondos, y en Vancouver sentían que se estaban aprovechando del nombre de Greenpeace, a cuyo fortalecimiento tanto habían contribuido ellos. El clímax se produjo cuando Greenpeace Vancouver demandó a la oficina de San Francisco por violación de los acuerdos de uso de marcas registradas. San Francisco contraatacó con una demanda por calumnia.
En vísperas de la vista. David McTaggart voló a América para pedir unidad. Reunió a las oficinas de Estados Unidos y Toronto con los bien avenidos grupos de Greenpeace Europa, que él presidía, y se enfrentó en Vancouver con los defensores del antiguo orden. El resultado fue que Greenpeace Europa pagó la deuda canadiense, y los grupos de EE.UU. Canadá y Europa aceptaron la formación de una nueva organización de cobertura:
Greenpeace Internacional. Su sede central estaría en los Países Bajos, donde se registró como organización benéfica con el nombre de Stichting Greenpeace Council. McTaggart se convertiría en ejecutivo jefe y presidente.
Aunque algunos vieron la iniciativa de McTaggart como un juego de poder personal, es indudable que fue él quién rescató a la organización del caos en que se encontraba sumida. «Muchas de las ideas de Greenpeace proceden de Hunter», resume Jon Hinck, que observó la acción desde primera fila en Seattle, «pero fue McTaggart quien les dio unidad».
Según el nuevo planteamiento, los grupos nacionales gozarán de una autonomía amplia para organizar sus propias campañas locales. Para adoptar las decisiones importantes se reuniría un consejo supervisor formado por representantes de todos los países miembros. Greenpeace estaba ahora constituida por grupos de Canadá. Australia. Reino Unido, Francia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Estados Unidos (con nueve oficinas regionales). Cada país con derecho a voto contribuiría con alrededor de una cuarta parte de sus ingresos a Greenpeace International. Más tarde se nombró una junta de cinco miembros: dos de Europa, dos de Norteamérica y las naciones del Pacífico Sur y el propio McTaggart.
La coordinación internacional se estaba haciendo cada vez más necesaria. A principios de 1980, había 25.000 miembros contribuyentes sólo en la zona de Boston. En los Países Bajos se incorporan miembros nuevos a un ritmo de 1.100 al mes.
Una cuestión crucial para ese país eran los residuos tóxicos. La oficina de Greenpeace de Amsterdam se había enterado de que la empresa química Bayer AG de Leverkusen, en Alemania, vertía en el Mar del Norte alrededor de 550.000 toneladas de residuos ácidos al año. Estos productos, que contenían metales pesados y compuestos organoclorados cancerígenos, se transportaban por el Rhin en barcazas y a continuación se bombeaban a dos barcos que partían mar adentro desde el puerto de Rotterdam. Greenpeace decidió interesar a la opinión pública todo lo posible por este asunto.
El 25 de abril de 1980, un colaborador de Greenpeace trató de fotografiar los barcos amarrados en el puerto, pero fue maltratado por los guardias de seguridad de Bayer. Más tarde, el 20 de mayo, el Rainbow Warrior navegó a Rotterdam para impedir a los dos barcos salir del puerto, y los miembros de Greenpeace colocaron unas pancartas en las que se leía «Pensamiento de Bayer de hoy: mañana», parodiando el eslógan publicitario de la empresa química. Acompañaban al Warrior cinco barcos más. y entre todos bloquearon la salida durante tres días. Greenpeace impidió el vertido de 10.000 toneladas de residuos ácidos. Cuando retiraron el bloqueo, el vertido era ya noticia de primera plana y objeto de protestas públicas generalizadas. Dos años más tarde, Bayer decidió interrumpir el vertido en el mar de tales residuos.
El 6 de junio de 1980, el famoso buque insignia de Greenpeace partió del puerto de Londres rumbo, una vez más, a España, donde probablemente le aguardaba una recepción hostil. Remi Parmentier director de Greenpeace Francia ya había sido arrestado en España, acusado de espionaje en una factoría ballenera y amenazado físicamente.
Con periodistas de las dos revistas españolas de mayor difusión y un equipo de la televisión británica a bordo, el Rainbow Warrior fondeó ante las costas de Vigo. El plan era enfrentarse a los balleneros con la lancha de gran autonomía RI-28, pero resultó estar averiada, y era imposible repararla a bordo. En consecuencia, el Warrior hubo de situarse en el centro de la acción y utilizar las Zodiacs pequeñas.


