EL MAR DE ARAL

EL MAR DE ARAL

En el sur de Rusia, entre Uzbekistán y Kazajstán, el mar de Aral tenía antes una superficie de 67.000 kilómetros cuadrados, es decir, era un poco más pequeño que Castilla-La Mancha. Actualmente, el mar ha reducido más de la mitad de su superficie y el responsable es el cultivo intensivo de algodón.

En 1950, el estado soviético decidió sustituir los cultivos de cáñamo, una planta que crece tradicionalmente en esta región, por los de algodón. Para hacer crecer este algodón, que necesita mucha agua, se han explotado los dos ríos que desembocan en el mar de Aral hasta tal punto que uno de ellos se ha secado. Más del 95% de las marismas y de las zonas húmedas son ahora un desierto de arena. Más de cincuenta lagos que dependen de estos ríos se han secado casi por completo. La concentración de sal en el agua que ha quedado se ha multiplicado por cuatro, lo que ha hecho imposible que sobreviviera cualquier tipo de vida marina.

Aralsk, el principal puerto pesquero de la región, se encuentra en la actualidad a más de 80 kilómetros de la costa; como consecuencia, los empleos relacionados con la pesca han desaparecido y los habitantes de Aralsk viven en la miseria.

La gran cantidad de pesticidas, abonos y herbicidas utilizados para el cultivo de algodón han contaminado el agua y los alimentos. El viento agita el fondo del mar de Aral, ahora desnudo, y forma nubes de sal, arena y polución que respiran los habitantes de la zona. Estos ostentan un triste récord de mortalidad infantil, malformaciones, cáncer…

Al secarse el mar de Aral, el clima también se ha vuelto más seco. Antiguamente, el mar de Aral era un rico oasis en medio de los desiertos y las estepas de la región. Esta reserva de agua albergaba 100 especies de peces, 150 de mamíferos y 200 de pájaros. Hoy han desaparecido todas. Según muchos ecologistas, el mar de Aral ya es un ecosistema muerto. Sin embargo, existe un proyecto que prevé retornar algunos cursos de agua, desviados por la irrigación del algodón, a una parte del mar de Aral a fin de devolverle la vida.