De nuevo en acción, 2da Parte

De nuevo en acción, 2da Parte

«En las tomas se ve cómo arrastraron al bote a David McTaggart, de Vancouver, y también cómo los soldados franceses le pegan todos a la vez mientras otros tres marineros sujetan al tripulante Ingram y le golpean con, al menos, una porra claramente visible». 

Los periódicos canadienses se hicieron eco de los acontecimientos. «La película demuestra que Francia ha mentido descaradamente”, declaró el Sun de Vancouver. Cuando volvió de Tahití, McTaggart fue recibido en el aeropuerto por un ejército de periodistas y fotógrafos.

En noviembre de 1973, en la asamblea general de las NU, Francia anunció su intención de realizar a partir de 1974 todas las pruebas nucleares bajo tierra.

Pero McTaggart veía pocas razones para alegrarse. Para él, estaban en juego cuestiones de orden más general. Bl gobierno canadiense se había negado a presentar su caso ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que, como más tarde se supo, lo había estado esperando con mucho interés. Habría sido la primera prueba legítima de la validez del derecho marítimo desde que se promulgará en el siglo XVII, y habría sentado un precedente importante desde el punto de vista de la explotación de los recursos marinos en aguas internacionales.

Si McTaggart quería continuar con el asunto, había de hacerlo solo y ante los tribunales civiles franceses. El último día de mayo de 1974, con ayuda de un préstamo de Ann-Marie y del dinero obtenido gracias a una aparición en televisión, voló a París para empezar lo que sería otra batalla larga y agotadora.

«El pleito lo pagaremos yo mismo y todos los que enviasen 10 6 20 dólares», comenta McTaggart, que no tuvo más remedio que vender su querido Vega para recaudar los fondos necesarios.

Abrí una cuenta bancaria a nombre de Greenpeace en West Vancouver. Llegué a París con unos 200 dólares y encontré una diminuta habitación que me costaba unos 3 dólares diarios. Pretendía interponer una demanda contra un gobierno que ya había tratado de impedir la entrada en el país. No querían conceder el visado pero, de todos modos, subí al avión y, básicamente, me dediqué a pedir limosna»

El caso se prolongó durante un par de años a lo largo de los cuales McTaggart trabajó en una oficina de París y recibió la ayuda y consejo impagables de Brice Lalonde, presidente de Les Amis de la Terre (Amigos de la Tierra) y de Thierry Garby-Lacrouts, estudiante de derecho, que le prestó gratuitamente sus servicios.

En la demanda presentada por McTaggart se reclamaban 21.000 dólares de daños por la embestida y el abordaje del Vega. El 17 de junio de 1975 logró una importante victoria ante el tribunal civil de París, que decretó que la marina francesa era culpable de haber embestido su embarcación y debía pagar los daños: la cuantía de la indemnización la decidiría un asesor nombrado por el tribunal, cuyos honorarios también correrán de cuenta de la marina. En cuanto al segundo, y más grave, cargo de piratería, el tribunal se declaró

Incompetente para juzgar, basándoseen que el asunto quedaba fuera de su jurisdicción, y comunicó a Mclaggart que, si quería continuar el asunto, debía apelar ante otro tribunal.

McTaggart perseveró, y en enero de 1976 se vio por fin este aspecto del pleito, aunque no se pronunció sentencia hasta junio. El tribunal aceptó la postura del gobierno francés. según el cual el abordaje había constituido un «caso excepcional» y los decretos sobre aguas internacionales y el comportamiento de los militares eran asuntos relativos a la seguridad del estado sobre los cuales ningún tribunal francés podía entender.

Pero al final de la lectura del largo veredicto, el procurador del gobierno hizo un comentario sorprendente: «Hay que reconocer que McTaggart puede haber contribuido a convencer al gobierno francés de la conveniencia de realizar pruebas subterráneas en lugar de atmosféricas». Y añadió: «Es muy posible que la actitud de McTaggart, reforzada por las reacciones de determinados países y grupos hayan obligado al gobierno a replantearse su postura».

El comentario constituía un reconocimiento, logrado a costa de muchos esfuerzos, del éxito de los viajes de Vega. Pero el asunto no terminaría aquí, ni mucho menos.