Retorno a Mururoa

Retorno a Mururoa

CUANDO EL BAQUETEADO Vega entró renqueante en Rarotonga el 15 de julio de 1972, un Mctaggart desafiante juró que Francia no seguiría comportándose con semejante arrogancia. Confió el barco a Ingram y Davidson, para que lo llevaran de vuelta a Nueva Zelanda, y voló a Vancouver, su ciudad natal, que no visitaba desde hacía quince años.

Haciendo caso omiso a quienes sostenían que tal cosa era imposible, decidió llevar a uno de los poderes del mundo ante los tribunales. «Volví a Vancouver», afirma Mclaggart, «y empecé mi guerra particular con Francia.

Desilusionado después de tres semanas en la ciudad intentando obtener apoyos, McTaggart se trasladó a la casa de verano familiar de Buccaneer Bay, en una isla de la costa de la Columbia Británica. Casualmente llegó allí un yate en el que viajaba el primer ministro canadiense Pierre Trudeau, y McTaggart mantuvo con él una conversación de cuarenta minutos, pero sin resultado alguno. Estaba claro que por ese lado no debía esperar ninguna ayuda.

Además, la propia Greenpeace se había dividido en varias facciones rivales, ninguna de las cuales tenía ni el espíritu ni las reservas necesarias para mantener un pleito prolongado.

McTaggart no se desanimó. Había conocido a un abogado llamado Jack Cunningham, experto en derecho marítimo, que aceptó llevar su caso. La aparición en la televisión nacional de noticias sobre Mactaggart hicieron que el gobierno canadiense decidiera, después de todo, actuar en su nombre.

Para entonces, Ann-Marie había decidido volar a Canadá para unirse a McTaggart, con quien pasó un largo y húmedo invierno viviendo en condiciones espartanas en una cabaña de troncos de la isla de Vancouver. McTaggart trabajó incansablemente en la redacción de un relato pormenorizado del viaje, tanto porque lo necesitaba para documentar su caso ante los tribunales como porque esperaba obtener dinero publicando. Dirigió cartas a patrocinadores y políticos, esforzándose incansablemente en difundir su caso contra

Francia. «Mi nueva percepción del mundo de la política me hacía ver una cosa con claridad podía ser más letal, pero en un aspecto se parecía a los negocios y el deporte: si querías ganar tenías que mantener la presión, seguir empujando, seguir golpeando».

Cuando tenía casi terminado el libro titulado Outrage. Desafuero encontró un pequeño editor local que le adelantó 1.500 dólares, suma que, salvó 200, envió íntegra a Nigel Ingram, que seguía en Nueva Zelanda, para que inicie las reparaciones del Vega.

En abril de 1973, tras la noticia de que Francia tenía previsto lanzar una bomba de hidrógeno ese mismo verano, decidió que tenía que volver a la zona de pruebas. El apoyo a su causa estaba creciendo, y McTaggart había reunido los fondos necesarios para que el Vega pudiera hacerse de nuevo al mar. Rechazó de plano el ofrecimiento de 5.000 dólares que le hiciera Francia a cambio de anular esta segunda expedición.

Ahora todas las miradas se dirigían hacia Mururoa. Esta vez, la oposición a las pruebas francesas había alcanzado la temperatura de ebullición. En 1973, los sindicatos de todo el mundo anunciaron boicots a las mercancías francesas, en particular en Nueva Zelanda y Australia, donde se boicotearon los barcos y aviones, el correo y las comunicaciones telefónicas de origen francés.

Había malestar entre los países sudamericanos por el riesgo de lluvia radiactiva; en Europa, 200 manifestantes organizaron una marcha Londres-París

bajo la bandera de Greenpeace, pero fueron detenidos y golpeados por la policía antidisturbios en la frontera francesa. El 7 De Mayo,la policía cargó contra varios miles de manifestantes cerca de la torre Eiffel. La fuerza bruta parecía la reacción normal del gobierno ante los disidentes.

En primavera, unos 25 barcos protestantes se preparaban para navegar a la zona de pruebas de Mururoa desde Hawaii, Australia, Fiji, Samoa, Tahití y Perú. En Nueva Zelanda daba la impresión de que todos los que tenían algún barco capaz de hacer la travesía iban a hacerla. Los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda enviaron buques de guerra. Aparentemente imperturbables, los franceses iniciaron las pruebas el 21 de julio.